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miércoles, 9 de junio de 2010

Capítulo I: Las razones de mi existencia.

Y entonces volví a mi recoveco en aquel tan nombrado barrio porteño, entré por la puerta de la cocina, saludé a mis plantas, abrí una puerta para cerrar otra y quebré en llanto. El espejo me pedía a gritos que rehiciera mi vida, más yo no podía oír. Tanta discoteca, tanta harina sagrada me agazapaba, me sentía circuncidada, ya no había placer que me pudiera agasajar y una vez más, perdida en la irrealidad, me encontré. Si, una vez más me encontré en medio de la nada, sin nada de qué sostenerme y mucho que perder. Y otra vez al viejo amor, a aquel sillón en el que solo me siento en conformidad cuando hay esperanza de intentar cambiar.

- Por qué decidiste volver, Laura? Qué pretendes encontrar aquí? Cómo? Cuándo? Dónde? Por cuánto tiempo?

Ya me sabía de memoria las preguntas y las respuestas de mis idas y vueltas de aquel patético consultorio. Él también. Yo quería límites. Él también. Yo quería problemas, él soluciones. Yo quería cada vez más, el no sabía como decirme que no. Y siempre ese fue el problema, la búsqueda implacable del “no”.

- Te acordás a donde dejamos la vez pasada?

- No – mentí.

- Bueno dejame recordarte... [...]
Y así empezó, otra vez, el ciclo enfermizo de la búsqueda de respuestas que ni siquiera quería encontrar.


Mientras en el ipod sonaban los acordes de aquella banda, la nuestra, la tuya y la suya, por mi cabeza pasaban centenares de deseos fúnebres. Nada por qué alarmarse. Esto ya había sucedido en más de una oportunidad y más que rasgarme un poquito la piel con una maquinita de afeitar para ver que tanto puede llegar a sangrar o tomar muchas pastillas antialérgicas con un vaso de un vino tinto berreta, no iba a pasar. Mmm Beretta, alguna vez me gustaría sentir que se siente apuntar y disparar con una.

"Todas las crisis son distintas, aunque las razones por las cuales entramos en ellas sean casi siempre las mismas” – me dice el ratapulguiento al que le pago 100 pesos la sesión. No shit! En serio? Me dieron ganas de salir corriendo y tirarme de un puente. Pero no de cualquiera. Del Broadway. Safé solo porque me quedaba un poco lejos y porque sabía que esa misma noche, crisis o no crisis, la iba a pasar más o menos bien.

A esa altura ya nadie sabía si yo estaba decidida a incursionar en prácticas masoquistas o solo disfrutaba de contar historias sádicas para dar (aún más) de qué hablar. Yo tampoco lo sabía. Estaría tratando de llamar la atención a cualquier precio? Ese pensamiento me sacudió. El sólo hecho de sentir la voz del psicoanalista dentro mío me dio escalofríos.

Lo de esa noche era algo casual, algún restó perdido en el barrio de Palermo, sonrisas acusadoras y mentiras escalofriantes para terminar encendidos y con ganas de fumar. De todas maneras me vestí sensual y tomé todos los recaudos que una lady debe de tomar antes de embarcarse en medio de tanta suciedad.
Después del cigarrilo me puse la blusa azul, me miré las uñas rojas, me pellizqué las piernas y contuve lo que pudo llegar a haber sido la peor de mis pateticadeces.

Siempre hay un antes y un después, me dije y mientras cerraba la puerta del ascensor me dispuse a añorar un después, con gente de verdad.

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